Cada credencial, cada foto, cada certificado. La evidencia visual de ocho años construyendo capacidad real entre China y América Latina — no en teoría, sino en operación, ejecución comercial y reconocimiento institucional.
Esta página existe porque las palabras "estratega China–LATAM" no significan nada hasta que se demuestran. Acá están los certificados oficiales del Ministerio de Comercio de China, los diplomas, los stands en SIAL, los pallets de fruta fresca rumbo a Shanghai, los reportes de Naciones Unidas. Una a una.

Mi conexión real con China empezó en 2017, cuando la Academy for International Business Officials (AIBO), órgano del Ministerio de Comercio de China (MOFCOM), me invitó al seminario sobre la iniciativa One Belt, One Road en Beijing.
AIBO no es un foro comercial abierto. Es un programa de formación selecto que el gobierno chino utiliza para construir relaciones de largo plazo con profesionales internacionales que considera estratégicos. Recibir el certificado en este podio significa que entré por una puerta que el Estado chino abre con criterio.

Mi base de formación viene de Chile: Ingeniera Civil Industrial de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), complementada con un Diplomado en Inteligencia de Negocios enfocado a TI de la Universidad de Chile. Esa combinación de ingeniería + business intelligence + tecnología es la que después hizo posible que entendiera el ecosistema digital chino con criterio técnico, no solo comercial.
Sobre esa base, un año después de la invitación AIBO, regresé a Beijing como estudiante a tiempo completo. La Universidad de Negocios Internacionales y Economía (UIBE) es la institución que históricamente forma a los cuadros de comercio exterior chinos. El MBA lo cursé con beca completa de MOFCOM.
Esto importa porque la red UIBE es densa, vertical y opera en chino. Mis compañeros de promoción son hoy ejecutivos en JD.com, SOEs y consultoras internacionales. Cuando vuelvo a Beijing, vuelvo a casa.

Antes de China, antes de UIBE, antes de Baidu, hubo PwC — PricewaterhouseCoopers, una de las cuatro grandes firmas globales de consultoría y auditoría. Trabajé ahí entre la graduación de UAI y mi salida a Beijing.
Ese paso por una Big Four es lo que me dio el rigor analítico y la disciplina de procesos que después aplicaría al ecosistema chino. PwC enseña a leer balances, riesgos y operaciones — habilidades que en China son la diferencia entre cerrar un negocio y perder USD$200,000 por un error de due diligence.

Durante mi tiempo en China trabajé dentro de Baidu — el equivalente chino de Google y una de las cuatro big tech del país (BAT: Baidu, Alibaba, Tencent). No es un nombre que se aprende en una clase de marketing internacional; es una empresa que opera bajo el marco regulatorio chino y donde las reglas del juego son distintas.
Estar adentro del edificio, ver los robots de servicio, leer los KPIs en chino, entender cómo se piensa el producto digital desde Beijing y no desde Silicon Valley — eso no se sustituye con un curso. Es información de campo.

En 2025 AIBO–MOFCOM me invitó por segunda vez. Esta vez al "Seminario sobre la Digitalización y el Desarrollo Internacional de las PYMEs de Chile" — que cierra el círculo: ocho años después de mi primera invitación, el gobierno chino me selecciona específicamente para representar a Chile en sus programas de cooperación.
Eso es lo que importa: no es un evento puntual. Es una relación institucional sostenida con el Ministerio de Comercio de China, mantenida a lo largo de casi una década.

En la misma edición de 2025, recibí formalmente la placa que designa a Chile (智利) dentro del programa AIBO. Recibirla del director del programa significa firmar un compromiso simbólico: durante esa edición, vos representás a tu país en el sistema chino.
Esto se traduce en relaciones bilaterales reales — los profesores AIBO, los compañeros de programa de otros países, los oficiales de MOFCOM que asisten a las ceremonias. Es la base sobre la que se construye trabajo institucional de largo plazo.

De vuelta en Chile en 2019, fui parte de la conferencia oficial sobre cooperación comercial Chile–China, junto al ex-presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ex-ministros de Estado y embajadores. La foto la tomó el equipo de prensa del evento.
La razón por la que estoy en esa foto y no es porque me invitaron como observadora: estaba ahí porque para entonces ya operaba comercialmente entre los dos países, y esa es la conversación que el sector público chileno necesita escuchar de gente que efectivamente está vendiendo productos en China.

El gobierno de Chile — vía CORFO y el Ministerio de Agricultura — financió a CHINAexpert dentro del programa Transforma Alimentos para abrir el canal China a las PYMEs chilenas. Esto no es una alianza de marketing: es financiamiento público con KPIs y reportes de cumplimiento.
Para una pyme chilena de Arica, Parinacota, Maule o donde sea, llegar al consumidor chino sola es prácticamente imposible. CHINAexpert es el vehículo que el sistema público chileno reconoció para ese trabajo.

En 2024 UIBE celebró sus 70 años. La universidad invitó a alumni alrededor del mundo a la conmemoración, y volví. La foto frente al monumento del aniversario — junto a profesores y compañeros — no es marketing personal. Es la verificación de que sigo siendo parte de esa red, una década después.
Para los clientes que me contratan, esto se traduce en algo concreto: cuando hay que mover un trámite, conseguir una reunión, o entender qué cambió en una regulación china — yo tengo a quien preguntarle.

En 2020 fundé Los Andes Beltroad Export. No con capital propio, no con un crédito chileno: con US$2 millones de capital chino invertidos en Chile.
Antes hubo cuatro años de guānxì — la construcción paciente de relaciones de confianza con socios chinos. Cuatro años de cenas en Beijing, mensajes en WeChat, visitas a fábricas, reuniones que en su momento no llevaban a nada concreto. Eso es lo que el sistema chino llama guānxì: la red de confianza que precede al negocio. Y al final del cuarto año, capital sobre la mesa.
Para entender el peso de esto: las operaciones LATAM–China rara vez tienen capital chino aguas arriba. Casi todas son chilenos vendiendo a China. Yo fundé al revés: capital chino, capacidad operativa chilena, marca propia, operación bilateral. Es una de las pocas configuraciones de ese tipo lideradas por una latinoamericana.

Con la empresa fundada y el capital trabajando, vino el primer eslabón: los huertos chilenos productores. Royal Dawn, Santina y Lapins son las tres variedades clave que exporto a China. Royal Dawn y Santina abren la temporada (octubre–diciembre), Lapins llega al peak del Año Nuevo Chino — el momento del año en que la cereza chilena vale más en góndola.
Esta foto importa porque cuento la cadena desde el origen. No soy una intermediaria que recibe el producto en un puerto; conozco quién lo cultiva, cómo se cuida, qué calibre se selecciona, en qué momento se cosecha para que llegue firme a Shanghai.

De ahí la cereza pasa por la Cherry Vision 3.0 de Unitec — una de las máquinas de selección óptica más avanzadas del mundo. El sistema clasifica cada cereza por tamaño, color, dulzura y daño superficial. La gorra que llevo dice Dancing Sun, mi marca propia.
Este es el filtro que separa la fruta apta para el consumidor chino premium del resto. Las cerezas que viajan con marca Dancing Sun son las que pasaron por este sistema. Calidad consistente — no de muestra, de operación.

El uniforme blanco no es decorativo. Para tocar cereza fresca destinada a China hay que entrar a la zona limpia con bata, cofia y botas. Y hay que estar ahí cuando la línea está corriendo — no a la mañana, no en la oficina; en el momento exacto en que se está empacando.
Esa supervisión es lo que después se traduce en cero rechazos en aduana china. Los rechazos cuestan miles de dólares por contenedor. Por eso estoy en la planta.

Dancing Sun es la marca propia que construí para el consumidor chino premium. Variedades Royal Dawn, Santina y Lapins, enviadas por vía aérea — cherry express: Santiago → Shanghai en menos de 30 horas, manteniendo la firmeza y el sabor que se paga premium.
Cada caja con marca y QR code escaneable. Cada pallet identificado y trazable. Esto no es exportación a granel: es venta directa al consumidor final chino con branding propio. La marca Dancing Sun aparece en mi gorra cuando entro a la procesadora — porque esa es la garantía de calidad que viaja con cada pallet.

Mi operación de comercio transfronterizo (CBEC) en JD Worldwide vendiendo productos chilenos directamente al consumidor chino fue tan particular que UN ESCAP la documentó como caso de estudio en su reporte 2024 sobre cross-border e-commerce Chile–China. El reporte fue escrito por un profesor de UIBE — la misma universidad donde yo cursé el MBA con beca MOFCOM.
Cierra el círculo: una latinoamericana que pasa por el sistema educativo chino, abre operación comercial china, y el sistema académico chino la usa como caso. Eso no se compra ni se contrata.

El sector cerecero chileno organiza cada temporada un encuentro técnico para los actores que trabajan con variedades tempranas — las que llegan primero a China y obtienen el precio más alto. En el primer Seminario Internacional de Cerezas Primores, recibí formalmente un reconocimiento por mi trabajo de exportación bajo la marca Dancing Sun.
Esto importa porque viene de la industria misma: no es un premio que pude postular, es un reconocimiento que la comunidad cerecera chilena entregó por aporte real a la apertura del canal China.

SIAL Shanghai es la feria de alimentos más importante de Asia. Más de 150.000 visitantes profesionales en cinco días. Tener un stand propio implica seleccionar productos, contratar staff bilingüe, capacitarlo, montar la operación y aguantar cinco días seguidos cerrando reuniones.
El stand Los Andes Beltroad con bandera chilena no era para mostrarse. Era para vender. Cada producto exhibido — vinos, miel, aceites, productos gourmet — era un cliente con el que después seguí trabajando.

En la misma edición SIAL 2023, postulé al certamen Innovation Selection — el reconocimiento que la feria entrega al producto más innovador del año — un pouch de uvas chilenas de mi cliente Synergic Food.
Y ganamos. Lo importante de este premio no es solo el sello: es que valida una hipótesis. Yo había leído al consumidor chino: quería fruta saludable, en formato moderno, con identidad de origen Chile. Postulé el producto correcto. El jurado SIAL — todos chinos — lo confirmó.
Para mis clientes futuros, este premio se traduce en algo simple: sé qué producto chileno tiene chance real en China, antes de que vos pongas la primera piedra.

En 2024, la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico de la ONU (UN ESCAP) publicó un Knowledge Product titulado "Understanding every step of cross-border e-commerce: exporting food products from Chile to China". El reporte fue escrito por un profesor de UIBE.
El caso de estudio que utilizó para construir el análisis fue mi operación en JD Worldwide con Los Andes Beltroad y Dancing Sun. La pantalla que aparece en la foto muestra esa investigación, con el catálogo de productos exhibido en JD.
Cuando un organismo de Naciones Unidas elige documentar tu trabajo, dejan de ser palabras tuyas y empiezan a ser documentación oficial.
Cada una de estas credenciales se traduce en capacidad operativa: red institucional, conocimiento técnico de los procesos chinos, marca propia funcionando, premios validados por jurados chinos, documentación académica de Naciones Unidas.
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